La Reina Yara está lista para regresar

En junio de 2015, la pieza María Lionza que esculpió el artista venezolano, Alejandro Colina, cumplirá 9 años de resguardada en los talleres de la UCV con una sentencia del TSJ a su favor que avala su regreso al sitio original donde fue ubicada en 1964 mientras que el duplicado que hiciera la Alcaldía de Libertador prosigue en la autopista Francisco Fajardo   

 

Arlynne Hernández | ahernandez0702@gmail.com.-   Los caminos de la Ciudad Universitaria de Caracas se hacen largos cuando la curiosidad es compañera.  Aunque el trayecto desde la plaza Cubierta hasta La Casona de la antigua Hacienda Ibarra— una de las mayores productoras de caña de azúcar en el siglo XVIII —  revele  la majestuosidad de la obra maestra del arquitecto Carlos Raúl Villanueva, el afán por comprobar que la Reina María Lionza se encuentra en perfecto estado estorba la contemplación del recorrido.

Desde el pórtico de la antigua casa se pueden ver los brazos de la Diosa Yara. Ella permanece erguida, atenta y recia para sus visitantes bajo la sombra de un techo de zing que le fue acomodado para no limitar su anatomía.

Durante nueve años el sector de la entrada 5° de Ciudad Universitaria  ha protegido la obra más conocida del escultor venezolano Alejandro Colina, desde que el deterioro, la polémica y la política dieran paso a un altercado que alejó la figura indígena que sirvió de pebetero para los III Juegos Deportivos Bolivarianos que tuvieron lugar en diciembre de 1951, de su sitial original en las vecindades del Estadio Olímpico de la Universidad Central de Venezuela (UCV).

María Lionza

Foto: Arlynne Hernández

La Reina de Sorte sigue ausente de su pedestal en los islotes de la autopista Francisco Fajardo; en su lugar una réplica levanta un hueso pélvico femenino (otra copia se instaló en la montaña de Sorte en Yaracuy),  mientras la auténtica permanece encerrada con candado en el caserón Ibarra  sobre una estructura de metal  y lista para salir. El monumento fue llevado a la UCV en 2004, cuando una mañana del 06 de junio se desplomó en dirección al cielo en medio de un fuerte debate de urbanistas, arquitectos, críticos de arte y más de 6 organizaciones sin fines de lucro sobre el allanamiento de la memoria patrimonial de Caracas.

La resquebrajada María Lionza fue trasladada en dos partes (primero el torso y luego la danta) para su reparación a cargo del Doctor Fernando  De Tovar Pantin, experto en restauración.  En entrevista a un diario nacional éste explicó que la escultura “tenía un problema estructural  debido a que Colina cometió algunos errores de vaciado que hicieron que los hierros internos se oxidaran y se debilitaran justamente en la parte del abdomen”. El reacomodo de la pieza ameritó que  varios núcleos de la Alma Mater investigaran las mezclas y materiales utilizados. Los análisis demostraron que el cemento que empleó el escultor superara los estándares de calidad, además un estudio de Sismología concluyó que las vibraciones de los carros no eran suficientes para afectar la estructura.

“Yo sigo afirmando que la figura está en absoluta condición de regresar a su sitio original. Los estudios demostraron que ni la vibración ni las condiciones a la intemperie son factores determinantes para que ella se deteriore.  Seguramente  se ensuciará como cualquier estatua urbana; esta pieza fue diseñada para estar en dimensiones abiertas,  no tiene sentido que una réplica este donde va un original”, expresó el especialista.

 

Rotura de un ícono  de Caracas  

Desde comienzos de 1960 se comenzó a notar el menoscabo de la estatuaria. El smog y el poco mantenimiento a la Diosa en piedra comenzó a hacer mella en su voluptuosa figura. En 2002 diversas fundaciones se unieron para denunciar las condiciones de María Lionza, dando lugar, a la firma de una Declaración Pública de Emergencia el 14 de marzo de 2003. El imaginario colectivo presumía que los hermanos que trepaban la obra para dejar ofrendas contribuyeron con la fractura que sufrió en la cintura.

Disputa legal

El desplome de uno de los hitos de Caracas fue titular en todos los medios locales, la Diosa se partió en dos partes en señal de los tiempos difíciles, según los marialonceros.  La Madre de Venezuela  dio un mensaje claro en referencia a los pesares que sobrevenían en América Latina, “me caigo viendo hacia Dios, porque Dios todo lo ve, y no quiero ver lo que va a pasar abajo”.

Pero más allá de las supercherías sobre la rotura del ícono , la querella surge tras la decisión no avalada de la Alcaldía de Libertador y Fundapatrimonio de realizar en forma inconsulta una réplica e iniciar la construcción de un pedestal para la escultura de siete metros y medio de altura en la plaza Los Museos en Los Caobos, obviando los acuerdos establecidos en las mesas técnicas del proyecto `Rescate Integral del Monumento de María Lionza’ organizado por estas  instituciones  junto a la Fundación Alejandro Colina y el apoyo del Instituto de Patrimonio Cultural (IPC) y del  Consejo de Preservación y Desarrollo de la Universidad Central de Venezuela (Copred)  y cuyos objetivos eran analizar los lineamientos conceptuales para la restauración de la efigie.

El 24 de julio de 2003 concluyeron las sesiones de la mesa técnica del proyecto, arrojando como resultados, no avalar la ubicación actual del monumento, no descartar la posibilidad de realización de una copia y la pieza original hacerla parte de la Colección de Obras de Arte Nacional, y para la operación de traslado iniciar un concurso privado de empresas contratistas especializadas. En ese momento, se habló se ubicarla en plaza Venezuela y en su lugar en la Francisco Fajardo  empotrar una copia, pero las críticas hacia la mudanza y la alteración de las  fuerzas mágicas refutaron el plan de traslado.

El 6 de noviembre de 2003,  Copred sometió a consideración del Consejo Universitario de la UCV  “autorizar el traslado para la restauración de la escultura María Lionza sugiriéndose un sector cercano a la actual ubicación, utilizando el apoyo técnico y financiero de Fundapatrimonio”.  Más tarde,  el Consejo Universitario en sesión del 12 de noviembre de 2003, aprobó autorizar el traslado de la pieza escultórica para efectuar la restauración en un sector cercano a la puerta Nº 5 de la Ciudad Universitaria  con el objeto de ejecutar el proyecto de rescate con el apoyo técnico y financiero de Fundapatrimonio bajo la supervisión del Copred.  Una vez finalizada la restauración, la institución adscrita a la Alcaldía de Libertador debía  proceder  “al traslado de la escultura al mismo sitio de donde fue removida”,  de acuerdo con el expediente N° 04-0470 de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia.

En enero de 2004, el presidente de Fundapatrimonio, Gustavo Merino, confirmaba una medida de traslado, del monumento para la Plaza de los Museos. Para este tiempo ya se había iniciado la construcción de un pedestal en la plaza de Los Caobos haciendo caso omiso a lo establecido por la universidad, en su calidad de ente estadal encargado de la conservación, rehabilitación, reparación, salvaguarda y consolidación del patrimonio cultural en el Municipio Libertador.

La disputa sobre la mudanza de la Diosa de piedra se intensificó cuando apoderados judiciales de la UCV argumentaban que la pieza de Colina era propiedad artística de la casa de estudios,   según oficios del 18 de diciembre de 1958 y 17 de enero de 1959, donde se donan una serie de bienes a la Universidad  y el documento protocolizado ante la Oficina Subalterna de Registro del Segundo Circuito del Municipio Libertador del 13 de mayo de 1992, y que por tanto, ni Fundapatrominio ni IPC tenían facultad para autorizar su traslado.

A su vez, la asociación civil para el rescate del Patrimonio Histórico de Venezuela, la Fundación de la Memoria Urbana y la Asociación de Vecinos de la Parroquia Santa Teresa demandaron a Fundapatrimonio y la Fundación Colina por “la amenaza inminente de la destrucción de la unidad y espacialidad” del conjunto histórico de la plaza los museos en virtud del traslado de María Lionza.

La universidad también introdujo una acción de amparo constitucional ante el Tribunal Superior 3° de lo Civil y Contencioso Administrativo alegando el derecho de propiedad de la obra. Mientras que, Fundapatrimonio apeló el procedimiento al negar que la posesión fue atribuida a la UCV puesto que “nunca fue donada por la República”. Insistía que la escultura estuvo incluida dentro del presupuesto del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, quien fue el ente a través del cual se construyó en 1951.

En el expediente del TSJ reposa la tesis del ente público: “resulta confusa la expresión por parte de la Universidad Central de Venezuela de que es propietaria del ‘objeto material en el cual está incorporada la obra denominada escultura de María Lionza’, ya que no se sabe si lo es del pedestal o de la obra”.

Finalmente, el Juzgado Superior Tercero en lo Civil y Contencioso Administrativo dio fin a la contienda en febrero al declarar con lugar la acción de amparo que ratificó a la UCV como dueña de la pieza y por considerar que Fundapatrimonio no consignó las pruebas necesarias para demostrar la titularidad sobre la estatua.

En este sentido, la Sala  estimó necesario precisar  que “ con asombro  vio  como una obra declarada como monumento histórico, que representa un culto arraigado en un sector de la población venezolana, haya sido víctima de una diatriba política entre sectores que lejos de buscar la conservación y preservación de María Lionza hayan tratado de imponer sus criterios otorgándole un matiz político e individualista, olvidando el fin social del derecho de propiedad lo que impidió, el oportuno mantenimiento de la misma, motivo por el cual, ordenó a Fundapatrimonio abstenerse de movilizar la obra sin la autorización de la accionante. Asimismo ordenó a la Universidad Central de Venezuela dictar las directrices pertinentes a los fines de su restauración inmediata”.

El domingo 06 de junio la pieza amaneció quebrada.  Ese día, el Alcalde del Municipio Libertador, Freddy Bernal, informó que la estatua de María Lionza sería traslada “opóngase quien se oponga”. Según comentó, la escultura ecuestre de la Diosa de Sorte estaba fracturada pese a los trabajos de restauración a la que había sido sometida la pieza. “Espero, que lo ocurrido sirva de ejemplo y reflexión para la UCV y para todos quienes impulsaron evitar la restauración y traslado de la escultura”, expresó el mandatario municipal.

Cuando el escenario para la reubicación cambió a la plaza de los Museos; ya era tarde, la incertidumbre que rodeaba la pétrea de trascendente significación icónica de la ciudad era tema de controversia ante la opinión pública.

A pesar de que la sentencia de la Sala Constitucional conmino que se acatara la colocación de la María Lionza de Colina en la isla que separa los dos canales de la autopista,  en 2005 el alcalde Freddy Bernal alardeaba en rueda de prensa que una réplica suplía el lugar de la Diosa.  Acompañado de los presidentes de Fundapatrimonio y del IPC, Gustavo Merino y José Manuel Rodríguez, respectivamente, manifestó que la reubicación de la pieza formaba parte del cumplimiento de su responsabilidad como máxima autoridad de esta jurisdicción. También recordó la autonomía que tendría la alcaldía para colocar la réplica. A tal efecto, advirtió que los representantes de las UCV no podrían colocar la estatua original en la vía rápida, debido a que “la autopista no pertenecía a la universidad”.

La sustituta se quedó con el trono

Después de la proclamación de la sustituta, el mundo siguió su curso. Venezuela se preparaba para las elecciones parlamentarias de diciembre de 2005, tema que pasó a ocupar los titulares y los debates de expertos en televisión nacional. Atrás quedaron las preocupaciones públicas por enrevesado caso de María Lionza.  Las ofrendas seguían apareciendo en el islote, al tiempo que, la verdadera pieza de Colina ya recuperada de los daños permanecía en un almacén lejos de los ruidos cotidianos de la universidad, esperando con su danta montada a pelo, su regreso.

Desde hace nueve años Copred ha solicitado el traslado ante el despacho de la Dirección Ejecutiva de la Alcaldía de Libertador, a cargo desde 2008 del Coordinador Nacional del Partido Socialista Unido de Venezuela y psiquiatra venezolano,  Jorge Rodríguez.  Los oficios emitidos a la municipalidad regresan con sello húmedo y sin respuesta.  El último firmado por la rectora de la UCV, Cecilia García Arocha, fechado del 08 de febrero de 2013 bajo el N°  R- 088-2013, fue recibido en la oficina del Alcalde como un documento más.

De acuerdo con la arquitecto Luisa Palacios, Directora de Copred, en la última comunicación dirigida al alcalde se le reiteró que la UCV está preparada para llevar la pieza a su sitio original acatando la decisión del TSJ:  “Estamos preocupados porque desde el 6 de febrero de 2013 estamos listos; sin embargo, ellos no han dado respuestas”, señaló.

Sobre las condiciones ambientales que sirvieron de argumento, para el informe de Fundapatrimonio, como las causas que dieron paso al deterioro de la figura y por las cuales se recomendó que se realizara una copia y que la original se enviara a un lugar cerrado para su exhibición, la arquitecto reiteró que la obra de Colina fue concebida para permanecer en un espacio urbano abierto.  “Técnicamente ella puede soportar esas circunstancias según el informe que le fue entregado al TSJ y por el cual se dictaminó que la pieza debe regresar a su lugar.  ¡En el islote se instaló una réplica y sigue intacta!, no? ”, Rebatió.

Por su parte, el doctor Juan Pérez Hernández, conservador de obras de arte,  aclaró que toda creación artística está susceptible al deterioro.  “Como ciudadanos debemos ser conscientes que el Patrimonio artístico tiene unas cualidades que deben ser conservadas, eso forma parte de la sensibilización de la sociedad”, comentó a modo de reflexión sobre el papel que la población debe asumir para mantener intacta la herencia histórica del país.

Al cierre de esta investigación ni Fundapatrimonio ni la Alcaldía de Libertador se habían pronunciado sobre las solicitudes hecha por la Universidad Central de Venezuela. En  las oficinas de Fundapatrimonio en la esquina Gradillas solo reciben oficios dirigidos a la Presidencia. Ningún  funcionario público puede emitir declaraciones hasta que no sea autorizado por el director del organismo.

 “Yo no soy sólo esa estatua, hijo”

En su libro “María Lionza en Venezuela” el escritor y periodista, Edmundo Bracho, logra  conocer la posición de los seguidores del culto en cuanto al espinoso camino de regreso de la figura.

Un médium pudo comunicarse con la Madre de Sorte y ésta le respondió: “yo no soy sólo esa estatua, hijo. Esta estatua es una representación mía. Y pueden moverla de un sitio a otro, si quieren. Lo importante es que la cuiden, la protejan, la mantengan bien y con cariño. Pues yo cuido y protejo al hombre y a la naturaleza siempre, y yo soy fuente de más grande amor y luz de la esperanza”.

Los días van pasando y el monumento aguarda en su refugio de portones azules, como las mariposas de enormes alas que representan los cielos y mares que dirige la Princesa de ojos de clara esmeralda.  El escritor francés, Jean de la Bruyere, refirió en sus versos a finales del siglo XVI que el mejor camino para la paz era fiarse de la moral, “Una cualidad de la Justicia es hacerla pronto y sin dilaciones; hacerla esperar, es injusticia”, decía.

Uno de los hitos más importantes del país se inmortalizó en la amazona sobre danta de Alejandro Colina, una figura de tal significación que de estar ubicada en un acceso menos comprometido fuese más visitada,  al igual que la estatua de la Libertad en los Estados Unidos.   El tiempo pasa y la verdadera Reina de Colina  se mantiene  oculta con una sentencia a su favor avalada por la  máxima autoridad jurídica del país, mientras que el duplicado de la Alcaldía de Libertador prosigue en la autopista Francisco Fajardo  victorioso y fuerte usurpando el puesto del ícono más original que identifica a la ciudad de Caracas.

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Fotos: Arlynne Hernández

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La niña de ojos de agua que inspiró a Colina

Todo el mundo recuerda la escultura de María Lionza en la autopista Francisco Fajardo en Caracas, pero pocos saben que el escultor caraqueño, Alejandro Colina, realizó la figura que inmortalizó al culto que representa el mestizaje en Venezuela

 

Arlynne Hernández | ahernandez0702@gmail.com.- De la vida y obra del pintor y escultor Alejandro Colina se sabe poco, en parte, por su carácter reservado y su negativa a participar en exposiciones que dieran a conocer su trabajo. Tampoco gustaba de conceder entrevistas a periodistas o aparecer en actos públicos.

Este caraqueño,  que fue vecino del Doctor José Gregorio Hernández y oyente a la cátedra de Anatomía que dictaba el médico Luis Razetti en la Universidad Central  de Venezuela, bien podría considerarse como uno de los artistas que más aportó a la historia de Venezuela. Incomodó con la exuberancia de su estatuaria y  fue criticado por la desnudez que utilizó como sello de fábrica.

Mientras otros alumnos de la Escuela de Arte se iban a Europa a perfeccionar sus técnicas, Alejandro Colina ingresó en la Marina Mercante de Venezuela y navegó por las costas marítimas y fluviales del país  en su deseo de obtener motivos de inspiración para sus piezas futuras.

Alejandro Colina

 

Foto: Archivo fotográfico del Grupo Últimas Noticias

 

Durante ese viaje de siete años pudo conocer diversas regiones indígenas lo que permitió su acercamiento a la cosmogonía, creencias, rituales y cotidianidad de la gesta aborigen, la misma que más adelante lo llevaría a orientar su labor escultórica al indigenismo venezolano.

La biógrafa de Colina, Aminta Díaz, dedicó 12 años de su vida a investigar sobre unos de los artistas más olvidados y poco conocidos de Venezuela. En su libro “Colina” de la editorial Florilegio ahondan en la existencia del solitario autor y creador de un proyecto particular que no se enmarcó en las corrientes plásticas de la época, por el contrario se identificó con el nativismo, americanismo, con el venezolanismo.

“Colina fue un precursor de la imagen de nuestros ancestros. Con sus obras de Chacao, Caricuao, María Lionza, Yaracuy, Manuare y tantos otros quedó plasmada la historia de los indios venezolanos,  tal vez de no ser así,  estarían olvidados o poco estudiados.  Recordemos que la investigación indígena no era de mucho gusto para los positivistas, corriente filosófica del momento que consideraba a los indios como seres inferiores; una raza que tenía que desaparecer”, recuerda la profesora universitaria quien además es amiga cercana de la familia Colina.

 

Escucha la entrevista a Aminta Díaz 

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Juan Alejandro de Jesús Colina Viera, primogénito de una hija de emigrantes Canarios y un litoralense,  nació el 8 de febrero de 1901 en la casa N°88 ubicada de Paraíso a Poleo en la prestigiosa parroquia Altagracia en Caracas.

Alejandro Colina

 

Foto: Archivo fotográfico del Grupo Últimas Noticias 

Cuenta la autora de “Colina” que un día ‘Alejandrito’ moldeaba figuritas de barro en el patio de su casa cuando el escritor y político, Francisco Jiménez Arráiz, vecino de la familia, comentó con orgullo a los padres del pequeño  “En este muchacho hay fibra de artista”… A los años fue inscrito en la Academia de Bellas Artes y desde allí se perfiló como uno de los grandes de su época.

 

La princesa de ojos aceitunados

De acuerdo con Aminta Díaz, los antecedentes de la escultura María Lionza datan de cuando el artista fue recluido en el Hospital Psiquiátrico de Caracas, en una de sus tantas crisis mentales. Además,  padecía de adicción al alcohol.

Allí elaboró la obra “Los hijos de María Lionza” y representó a la princesa de ojos claros montada sobre una danta. Muchos años después tomaría el busto como inspiración para hacer la  estatuaria que serviría como pebetero para los III Juegos Deportivos Bolivarianos de 1951. Utilizó como materiales cemento, granito, arena y óxido compactado con agua. Las piezas fueron vaciadas en moldes que luego unió y reforzó con armazón de acero.

Paradójicamente, esa figura que Colina moldeó en sus talleres de Hornos de Cal en San Agustín del Sur pasaría a inmortalizar la iconografía del culto marialioncero, a tal punto, que su popularidad  la convirtió en la obra más conocida del maestro.

 

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Foto: Archivo fotográfico del Grupo Últimas Noticias

Tal fue la algarabía por la pieza que se empezaron a entretejer rumores sobre la musa que lo iluminó; pero como éste era sumamente reservado nunca se conoció públicamente cuáles fueron sus motivos. Hasta la misma sacerdotisa Beatriz Veit-Tané se acreditó a sí misma como la modelo de la obra.

“Yo tuve mucho contacto Emilia (segunda esposa del artista) y viendo sus fotos puedo presumir que su figura sirvió de modelo. Emilia era muy caderona (…) Alguna vez escuché a Beatriz Veit Tané decir que ella posó para Colina pero Aura (hija del maestro) me aseguró que Colina conoció a la sacerdotisa mucho tiempo después de realizar la escultura. Ella (Aura) me dijo que eso no era cierto”, con esta anécdota Díaz objeta la versión que tantos años circuló en el imaginario colectivo.

La creación fue ubicada al lado del puente entre los estadios de la Ciudad Universitaria en 1951. Posteriormente en 1964, Colina reemplazó la vasija que sostenía la Diosa por el hueso sacro de la pelvis femenina y la reubicó a 100 metros de su sitio original, en la isla que separa los dos canales de la autopista Francisco Fajardo (lugar donde fue instalada una réplica en 2005).

Díaz cita a Edmundo Bracho en (“Las manos detrás de la diosa”, Tal Cual, 1° de noviembre de 2002) para referirse a las versiones sobre el traslado al islote. Según Bracho,  “la pieza no correspondía con el criterio estético de Carlos Raúl Villanueva. No armonizaba por el ‘individualismo’ de la obra, por su desbordante épica de la sensualidad y fortaleza femenina, por su desmedida interpretación de lo indígena”.

 

Su arte fue cuestionado por no seguir los cánones europeos. Lo cierto es que Alejandro Colina tomó su técnica como insignia nacional y en su empeño dio fruto a creaciones urbanas destacadas que hoy en día se mantienen como recordatorio de nuestro pasado.

Esculpió diversas creaciones para la Plaza de Tacarigua, realizó el mural “El arte y la ciencia de la Psiquiatría” para el Manicomio, hizo el monumento “El Cacique Guacamayo” en Valencia, reconstruyó la Catedral de Valencia, realizó la trilogía escultórica “Los Centinelas” para el patio de honor de la Academia Militar, hizo el busto “La Negra Matea” ubicado en el barrio Santa Rosa en Maracay, el “Monumento al cacique Tiuna”, “El Monumento al cacique Manaure” en Coro y “El Monumento al cacique Yaracuy” en San Felipe. También moldeó el busto a Andrés Eloy Blanco, el “Monumento a la Bandera” en Apure, la estatua “Conjuro de Caricuao”, el busto de Chacao y otras tantas piezas y óleos.

Falleció en Caracas producto de una septicemia en octubre de 1976.

Alejandro Colina

Foto: Archivo fotográfico del Grupo Últimas Noticias